Número ochenta y cinco

No mas despedidasEsa tarde no sufrimos en partes iguales.

Ella se alejo en el barco llena de las expectativas de un mundo nuevo,  con las maletas llenas de sueños y asombrada por las olas que se rompían en el mar.
Al arrancar no vio mi mano despidiéndose desde la orilla.
Ella era feliz, ella es feliz.
Yo, solo fui yo.

Y tuvo que ser en mis sueños donde ella lloro y sufrió desde la orilla de la proa, donde grito desgarrada el alma un “Siempre te ame” que el rugir del mar se trago.

Nunca supe si ella solo fue un sueño o una de esas realidades que solo pasan una vez en la vida y se disuelven como el tiempo que mas se disfruta.

Número ochenta y tres

¿Recuerdas cuando soñé que éramos niños y vivimos esos cuentos que nunca tuvimos juntos?
Ese día me observabas con la atención de un ave esperando abran la jaula para cambiar el agua y soñar en ser libre al fin.

Yo te vi a color, con la mirada en lo etéreo, concentrada en lo posible e incomprensible, y absorta a lo desconocido me invitaste a jugar a ser mayor, a ser quienes quisimos ser -y no somos-.

Jugamos a placer de un sueño imposible, crecimos, nos enamoramos, nos odiamos, nos vencimos y fuimos más allá donde los colores tampoco existían y los arcoíris solo eran el sueño de un grupo pequeño de seres más ingenuos que nosotros mismos.

Eras bella, tanto como ahora y me mirabas con la seguridad que me miras ahora, absorta a mis locuras e igual pintando sueños en las flores que siempre te regalo.

Pintando Flores

Número secenta y cinco: El reflejo de tus ojos

Yo soy el que apago la luz cuando quedaste dormida.
Yo soy el que espero bajo una fuerte lluvia tu salida.
Yo pague el taxi el día de tu huida,
Yo escuche tus sueños fui tu apoyo y guía.

Yo llegue a tu vida cuando nada importaba,
Cuando el rencor y el odio te comandaba,
Cuando la esperanza fugaz al fin te dejaba,
Yo fui tu As de espadas.

Yo soy el que te espera afuera,
el que se regocija con tus triunfos,
y se alegra con tus alegrías.
Yo soy el que te escribe canciones y dedica poemas.
Yo soy el que te sueña de día.

Yo soy el escudo contra todos,
y soy tu bastón en los riscos.
Yo soy el que conoce tus temores,
y el que transcribió tu historia.

Yo soy el reflejo de tus ojos.

Eres hermosa

Número cincuenta y nueve

Globo SolitarioQuédate“.
Esas fueron las últimas palabras de una tarde eterna.

Guardaste tu ropa 3 veces en la maleta, revisaste tus blusas muchas veces y hojeaste las fotografías que llevabas lo suficiente para carcajearte sola y sin sentido, hasta que el “clic” de la maleta mato mis latidos.
Sola con la mano en la manija de la puerta, en silencio esperando que algo suceda que algo más que mi suplica te detenga.
Y nada paso.
Cruje la madera del suelo y silva el viento.

Y saliste a la calle, montaste a tu taxi y partiste con el deseo de regresar, pero con la conciencia de que nunca más me volverías a ver.
Todo eso condensado en mi suspiro. El más largo suspiro de la historia.