Número ochenta y cinco

No mas despedidasEsa tarde no sufrimos en partes iguales.

Ella se alejo en el barco llena de las expectativas de un mundo nuevo,  con las maletas llenas de sueños y asombrada por las olas que se rompían en el mar.
Al arrancar no vio mi mano despidiéndose desde la orilla.
Ella era feliz, ella es feliz.
Yo, solo fui yo.

Y tuvo que ser en mis sueños donde ella lloro y sufrió desde la orilla de la proa, donde grito desgarrada el alma un “Siempre te ame” que el rugir del mar se trago.

Nunca supe si ella solo fue un sueño o una de esas realidades que solo pasan una vez en la vida y se disuelven como el tiempo que mas se disfruta.

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