Número ochenta y tres

¿Recuerdas cuando soñé que éramos niños y vivimos esos cuentos que nunca tuvimos juntos?
Ese día me observabas con la atención de un ave esperando abran la jaula para cambiar el agua y soñar en ser libre al fin.

Yo te vi a color, con la mirada en lo etéreo, concentrada en lo posible e incomprensible, y absorta a lo desconocido me invitaste a jugar a ser mayor, a ser quienes quisimos ser -y no somos-.

Jugamos a placer de un sueño imposible, crecimos, nos enamoramos, nos odiamos, nos vencimos y fuimos más allá donde los colores tampoco existían y los arcoíris solo eran el sueño de un grupo pequeño de seres más ingenuos que nosotros mismos.

Eras bella, tanto como ahora y me mirabas con la seguridad que me miras ahora, absorta a mis locuras e igual pintando sueños en las flores que siempre te regalo.

Pintando Flores

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