Número setenta y uno

No soy suficiente bueno para ti

Cuando llegamos al final del día a casa después la jornada, el silencio aguarda junto a una cena recalentada. Luego unas palabras y un plan del super.

Y sentimos la indiferencia de mil problemas y la llave gotea y la bombilla se quema. Y te muerdes la lengua y callas la mente.

Desde que en los rincones de casa guardo buenos recuerdos tuyos, en la bodeguita los malos momentos y sus rasguños por entrar ya no se oyen.

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