Número setenta y cuatro

Nuestra relación era perfecta a nuestros ojos, pero poco a poco dejo de ser el sueño que siempre fue y que nunca paso de ser eso. Un sueño.

Desde que sentimos en nuestros corazones cristales molidos en pedacitos tan finos que al soplarle mutuamente tan solo termino de cegarnos.

No hubo lagrimas en esa despedida. Teníamos que hacer demasiado por nosotros mismos.

Es lo que es.

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