Número cincuenta y nueve

Globo SolitarioQuédate“.
Esas fueron las últimas palabras de una tarde eterna.

Guardaste tu ropa 3 veces en la maleta, revisaste tus blusas muchas veces y hojeaste las fotografías que llevabas lo suficiente para carcajearte sola y sin sentido, hasta que el “clic” de la maleta mato mis latidos.
Sola con la mano en la manija de la puerta, en silencio esperando que algo suceda que algo más que mi suplica te detenga.
Y nada paso.
Cruje la madera del suelo y silva el viento.

Y saliste a la calle, montaste a tu taxi y partiste con el deseo de regresar, pero con la conciencia de que nunca más me volverías a ver.
Todo eso condensado en mi suspiro. El más largo suspiro de la historia.

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