Número cincuenta y ocho

Me rompio mas que el corazonNada podía ser tan perfecto por más de 4 lunas.
Lo sabía bien. Que “todo cambio es doloroso”, dijiste.

Yo siempre supe que volver a la realidad era el problema.

Tu última carta eran solo comentarios reciclados, correcciones y muchos errores de ortografía, firmados con un “Dios te bendiga” tan banal, que solo con eso cometiste un pecado.

Ahora apareces de vez en cuando en forma de recuerdo, asiento ocupado o numero equivocado. Y sigues tan normal que hasta miedo me da el pensar que sufro tanto.

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