Número cuarenta y tres

Huiste de tú casa sin nada más que las ganas de escapar.
Una piedra sobre otra hicimos y tu terquedad en realidad me ayudó a crear, un pequeño paraíso de calor humano.

Fuimos a un lugar aparte a pelear contra las paredes y saltar murallas, pero tú siempre dirigiste la vela del barco.

Ahora que te sientas en el sofá de enfrente nos sirves una limonada y pones tu novela no soy capaz de comprender completamente la fuerza de tus decisiones.
Maúlla el gato y sin bajar la mirada acaricias su espalda.
Bebes un trago, volteas tu rostro y chocan nuestras miradas.

Silencio.

Sabes compartir hasta lo que no existe y me devuelves una sonrisa, unala-rutina mueca sin sentido que recibo y devuelvo.
Y me doy cuenta que este pequeño paraíso no fue tu sueño de castillos y caballeros.
Simplemente fue la meta de tu corazón.

Grita la suegra, pasa el del agua, llega un recibo, cortan la luz, se cae un árbol, se inunda la calle, se descompone el despertador.
Yo tambien soy feliz de esta vida contigo.

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