Número veintisiete

Ayer noche te miraba fijamente, pero a diferencia de esos días de juegos de serios, tu mirada estaba ausente. Vagabas por el temor a lo incierto y mascullabas palabras que tu misma no entendías.
La cena estaba fría, pero me quemaba la garganta.
No puedo con tu tristeza y tu lejanía.
No puedo sin tu gracia y nuestra sintonía.

Me dijiste que era el cansancio, un poco de estrés de oficina y comentaste algo del día a día, no se miraba en ti la estrella de la alegría.

“Ya pasara” dijiste, y aunque mi corazón sufra esperare tu hora de oscuridad. 
Esperare a tú lado a que junto al sol de la mañana se despierte el brillo en esa sonrisa mañanera que solo tus labios saben dar.

Y esperare. Dale Alegría a mi corazón.

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